Esta frase famosa de Groucho Marx es la que mejor he encontrado para definir la situación tan extraña que se está viviendo en el fútbol murciano.
Un empresario que se ha hecho millonario gracias a los pelotazos urbanísticos decide invertir en fútbol, para ello compra una club, compra aficionados, y lo cambia de ciudad. La gente se echa las manos a la cabeza, ¡no al fútbol negocio! Gritán por todos lados. Llaman a todo el mundo, incluso gente de la plataforma Murcia no se vende va en su auxilio. ¿Cómo se puede jugar con nuestros sentimientos? Gritan sintiéndose desamparados por un presidente que los ha dejado huerfanos de su equipo.